6 terapias transformadoras para sanar el trauma

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6 terapias transformadoras para sanar el trauma

El trauma ocurre cuando una experiencia muy intensa, muy rápida o muy prolongada en el tiempo supera la capacidad del organismo para procesarla o integrarla. La respuesta biológica natural del sistema nervioso de volver a la homeostasis no ocurre y el sistema se queda atascado en la respuesta al estrés de lucha o huida. El cerebro sigue enviando señales de peligro incluso años después de que la amenaza haya pasado. El reto de tratar el trauma es ayudar a las personas a vivir en cuerpos que se sientan fundamentalmente seguros. 

Bessel Van der Kolk psiquiatra, neurocientífico e investigador, autor del emblemático libro El cuerpo lleva la cuenta, ha estudiado e investigado el trastorno de estrés post traumático y el trauma de la infancia por más de 50 años. Sostiene que el trauma no es simplemente un evento que sucedió en el pasado, sino la huella que ese evento dejó en el cuerpo y el sistema nervioso. La secuela fundamental, frecuentemente olvidada es la desconexión, una ruptura profunda en tres niveles: 1. con el propio cuerpo, porque es donde reside el miedo y el dolor; 2. con los demás, porque fueron la fuente del dolor y 3. con la narrativa personal, porque el trauma no se recuerda, sino que se re experimenta, mientras que la persona se desconecta de su propia historia.

De todas las opciones conocidas, son 6  las terapias que resalta como las más indicadas y efectivas para sanar el trauma:

  1. PSICOTERAPIA: Una buena psicoterapia ayuda a la persona reconocer lo que le sucedió como algo muy importante y, a partir de ello, siembra la necesidad de cuidar las heridas que esto le ocasionó. Llegar a sentir verdadera autocompasión, y saber que realmente sus reacciones son comprensibles, es muy importante para comenzar a recuperarse del trauma. Para Van der Kolk y otros expertos en trauma complejo, la psicoterapia tradicional basada únicamente en el habla suele ser insuficiente si se aplica de forma aislada. Por ello, la psicoterapia moderna para el trauma se ha transformado en un enfoque integrativo y somático.
  2. EMDR. Estas son las siglas en inglés de “Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares”. Este tratamiento incluye varias fases, pero en esencia consiste en pedirle a la persona que evoque el recuerdo o la memoria de lo que le ocurrió y, sobre todo, cómo se sintió y qué creencia generó el evento,  al tiempo que sigue los dedos del terapeuta enfrente de su rostro, para que haga movimientos oculares que van de izquierda a derecha (también puede brindarse la estimulación alterna bilateral a través de otros sentidos, ya sea táctil o auditivo). Pareciera un método absurdo, sin sentido o mágico, pero los resultados de una amplia investigación científica han demostrado efectos sorprendentes: el trauma puede llegar a disolverse a través de esta técnica. La razón de estos resultados no está del todo clara todavía, lo que sí se sabe es que los circuitos cerebrales cambian para interpretar la realidad actual desde un ángulo diferente. El resultado es algo así como reconocer que eso pasó, pero pasó hace mucho tiempo y no está sucediendo ahora, por lo que no debo sentir la emoción que sentí en aquel momento. Es una técnica no convencional que tiene efectos muy profundos.
  3. YOGA. El Yoga Sensible al Trauma no es una clase de yoga convencional con un enfoque estético o de flexibilidad; es una intervención clínica diseñada por David Emerson, cuyo objetivo técnico es abordar la desconexión interoceptiva  y devolverle al paciente la capacidad de sentir su cuerpo sin entrar en pánico. Se aprende a respirar y a prestar atención al cuerpo y a si mismo. Puede experimentarse cómo te afectan los movimientos y cómo te sientes con las diferentes posturas. De esta manera, formas una relación profunda con tu sistema sensorial interno. En algunos estudios realizados, el yoga demostró ser un tratamiento más eficaz para el trastorno de estrés postraumático que cualquiera de los fármacos que se estaban estudiando en dichas investigaciones. A pesar de esto, lamentablemente, en el tratamiento del trauma aún se tiende a utilizar más la medicación psicofarmacológica que recomendar hacer yoga consistentemente.
  4. TEATRO, CANTO, DANZA. Actuar diferentes roles, cantar en grupo y ejecutar diferentes movimientos ayuda a sentir que el cuerpo realmente puede moverse y sentirse de una manera distinta de como se había sentido hasta el momento. El canto y el baile son intervenciones neurobiológicas potentes para sanar el trauma. La teoría polivagal de Stephen Porges señala al canto como un potente estimulador del nervio vago, capaz de controlar la respiración y activar el sistema de compromiso social.  El baile rompe la desconexión con el cuerpo, al descongelar respuestas motoras atrapadas en el. Devuelve una sensación de control y ayuda a sentir los límites entre el adentro y el afuera, al tiempo que integra ambos hemisferios en el movimiento. Canto y baile pueden ser más efectivos que la terapia convencional porque tienen acceso
    directo al sistema límbico. No debe buscarse hacerlo de manera profesional para alcanzar sus efectos.
  5. NEURO FEEDBACK. Esta técnica es una forma de tratamiento que consiste en poner electrodos en el cráneo para que, cuando generes ondas cerebrales que te ayuden a estar tranquilo y concentrado, obtengas una recompensa. De esta manera se puede moldear el cerebro para que tenga una configuración diferente y esté abierto a nuevas experiencias. Su utilidad radica en que permite “entrenar” al cerebro para autorregularse sin pasar por el lenguaje, atacando directamente los patrones de ondas cerebrales alterados por el trauma. Reduce la reactividad de la amígdala, fortalece la corteza pre frontal y fomenta la integración entre el hemisferio derecho y el izquierdo, para que trabajen en equipo, algo que el trauma suele romper. En los estudios efectuados por Bessel Van der Kolk lograron observar que esta forma de tratamiento lograba que los pacientes tuvieran menos flashbacks, durmieran mejor y estuvieran más presentes y menos disociados.
  6. MDMA. El uso de esta sustancia (3,4-metilendioximetanfetamina, conocido popularmente como éxtasis) en el tratamiento del trauma es uno de los campos más revolucionarios de la psiquiatría actual. Bessel van der Kolk y organizaciones como MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies) han liderado investigaciones que demuestran resultados sin precedentes en pacientes con TEPT resistente a otros tratamientos. Considerada psicodélica, aunque no lo es realmente, tiene la propiedad de abrir la mente y dejar ver que la realidad en la que se vive es solo una pequeña parte de la realidad que es, lo cual es lo que hacen las drogas psicodélicas. En un gran estudio llevado a cabo por MAPS en varias partes de Estados Unidos y el mundo, se prepara cuidadosamente al paciente y, durante todo un día, tras haber tomado una dosis de MDMA, permanece en una habitación junto con dos terapeutas, técnicamente, no se trata de “tomar una pastilla”, sino de una Psicoterapia Asistida con MDMA. Lo que se observó en estas personas fue muy sorprendente:
    • Pueden ir mentalmente a lugares a los que antes nunca se habían sentido seguros para ir.
    • Ven las cosas horribles que les han sucedido, pero la droga les permite verse a sí mismas con compasión.
    • Todas las medidas que se han recolectado en las investigaciones sobre la autopercepción y la autoconciencia simplemente se disparan.
    • En lugar de culparse a sí mismos por lo que sucedió, lo que hacen es reconocer que fue algo que pasó, se acabó y ahora forma parte del pasado. El recuerdo se guarda de nuevo en el hipocampo, pero esta vez con una carga emocional neutra o procesada.

El efecto sobre el sistema nervioso es múltiple: dispara la oxitocina, desactiva la amígdala, libera serotonina y dopamina en grandes cantidades y activa la corteza pre frontal.

Lo que ha tenido ocupado a este investigador durante muchos años es conseguir un tratamiento que permita controlar el sentimiento básico de odiarse y despreciarse, propio de las personas con estrés postraumático, esto se ha encontrado con el MDMA. Los ensayos clínicos de Fase 3 han mostrado que aproximadamente el 67% de los participantes que recibieron terapia con MDMA ya no cumplían con los criterios diagnósticos de TEPT después de tres sesiones, comparado con el 32% en el grupo de placebo mas terapia. Hay que aclarar que esta droga no es legal fuera de los ensayos clínicos y que a pesar de su eficiencia, tiene contraindicaciones en enfermedades cardíacas y psicosis.

Con el trauma, como con todas las enfermedades que ameritan atención, no existe un “protocolo universal”, no hay un tratamiento que sirva para todos. La individualidad biológica y la naturaleza del trauma hace que personas diferentes necesiten abordajes diferentes, es decir, lo que funciona para un paciente no necesariamente funciona para el otro. De hecho, lo que para un paciente es sanador, para otro puede ser peligroso o perjudicial. El tratamiento se hace respetando tres fases: estabilización, procesamiento y desconexión, y cada una conlleva diferentes abordajes.

Van der Kolk afirma que todo termina siendo un experimento en la vida, y curarse del trauma también es un experimento, muchas veces por ensayo y error, pero la clave para tener éxito es estar informado acerca del trauma y de las herramientas acordes y necesarias para sanarlo.

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